martes, 15 de diciembre de 2015

Carlos I de Inglaterra pierde la cabeza.


La mañana del 30 de enero de 1649, el pueblo de Londres se arremolinaba expectante en Whitehall parapresenciar la decapitación pública de su rey, Carlos I, de la familia de los Estuardo. Tomado prisionero en la guerra, había sido juzgado por un tribunal, cuya legalidad rechazó expresamente, y declarado culpable,acusado de “tirano, asesino y enemigo de la nación”.

Fueron el recio carácter y la expresa determinación de Oliver Cromwell, junto con el fortalecido el bando parlamentario, los que lograron la nada fácil tarea de enjuiciar al rey Carlos I, calificado como El Sanguinario.

Fiel hasta el fin a su papel, el orgulloso soberano Carlos se había abrigado bien, con el fin de evitar que el frío reinante le hiciese tiritar involuntariamente en el cadalso y que aquello se interpretase como una manifestación de miedo ante la muerte. Ya en el patíbulo, tras anunciar a sus verdugos que iba a rezar unas oraciones, les dijo:Cuando esté dispuesto, os haré una señal para que descarguéis el hacha”.

Implacable, Cromwell, su gran opositor, había declarado poco antes:Nadie moverá un dedo para salvarlo… Podemos cortarle la cabeza, incluso, con la corona puesta”. Tras condenarle a muerte, Cromwell le envió al cadalso. Mediante este histórico acto, el paso definitivo parecía estar ya dado sin posible marcha atrás. El nuevo Parlamento, depurado de los elementos disidentes y dueño absoluto de la situación, abolió la Monarquía y proclamó la Commonwealth, una particular forma de república. Cromwell se alzó como el indiscutido hombre fuerte de la situación.

Fuente: Muy Historia

Johannes Vermeer

La joven de la perla o Muchacha con turbante, h. 1665-67, óleo sobre lienzo, 46,5 x 40 cm, La Haya, Mauritshuis.


Son muchas las paradojas que rodean la vida y la obra de Vermeer, y la mayor de todas es precisamente su producción artística “tan cumplida y coherente, un mundo autocontenido, autosuficiente, perfectamente verosímil –huyamos del tópico del ‘realismo’, que tanto ha viciado la contemplación y el entendimiento de la pintura holandesa del siglo XVII– y situado completamente al margen de los aspectos históricos de un pequeño recién nacido Estado independiente y la circunstancias biográficas del artista que fue su creador”, sostiene María Cóndor en el libro que le dedican a este artista en la colección Inmortales de la pintura.

Apenas hay datos sobre su biografía, poco sabemos también sobre su personalidad artística y humana, tampoco hay ningún autorretrato seguro, así que a la hora de enfrentarnos a su escasa producción (solo se aceptan como suyos unas 36 obras), apenas tenemos nada en que apoyarnos para conocerlo y entenderlo. Lo que sí es esencial es el contexto histórico en el que se desarrolló su vida, la larga lucha de los holandeses por liberarse del yugo de la corona española,una lucha que finalizará justo cuando Vermeer era un adolescente, aunque no por eso su vida se desarrolló en unambiente de paz y prosperidad tanto social como personal, al conflicto español sucedieron otros muchos que tuvieron lugar con las nuevas potencias europeas, sobre todo Inglaterra y Francia. Aunque esto no impidió que floreciese y se desarrollase una escuela pictórica de gran calidad en los Países Bajos, cuya producción, como es bien sabido, estaba destinada a una burguesía compuesta por comerciantes, artesanos y banqueros.

Lo que sí se sabe es que Johannes Vermeer (Delft, 31 de octubre de 1632-15 de diciembre de 1675) nació en el seno de una familia que tuvo varios casos delictivos, su padre y un hermano de su madre estuvieron implicados en un sonado caso de falsificación de moneda en 1619 y su abuela paterna participó también al año siguiente en una estafa cuya víctima fue un comerciante adinerado, unas circunstancias, junto al hecho de que la familia siempre fue perseguida por las deudas, poco propicias para crear obras tan sosegadas, introspectivas y refinadas como las que realizó a lo largo de su vida.


Lectora en azul, h. 1663-64, óleo sobre lienzo, 46,5 x 39 cm, Ámsterdam, Rijksmuseum.


Para leer el artículo completo solo tienes que pinchar en el link que dejo a continuación:
http://www.descubrirelarte.es/2015/12/11/johannes-vermeer-el-pintor-de-la-intimidad.html
Fuente: Descubrir el Arte

sábado, 12 de diciembre de 2015

La matanza judía de Jedwabne

La matanza judía de Jedwabne




Jedwabne es sinónimo de vergüenza. Una matanza especialmente cruel contra la comunidad judía de esta ciudad polaca no fue perpetrada por los nazis, sino por sus vecinos de toda la vida.

Un pequeño pueblo al sur de Varsovia, Jedwabne, sufrió una gran tragedia el 10 de julio de 1941: 1.683 judíos fueron asesinados del modo más cruel. Las víctimas fueron arrastradas a la plaza y empujadas a un granero, donde fueron quemadas vivas. Los ancianos y niños que no podían trasladarse por sus propios medios fueron conducidos allí y arrojados sobre las brasas ardientes. Hasta hace unos años, en Jedwabne había una placa que decía: “Lugar de martirio para el pueblo judío. La Gestapo y la Gendarmería de Hitler quemaron vivas a 1.600 personas”.

Si quieres saber más sobre esta noticia pincha en el link que te dejo al final de esta entrada:


Fuente: Muy Historia.

viernes, 11 de diciembre de 2015

El futuro es pasado


"El mal es un fetiche inventado por el catolicismo"

  • En la década de los años 60 del pasado siglo, en la cima de la literatura, uno de los más potentes prosistas españoles decidió retirarse de la circulación y del ejercicio del "grotesco papelón del literato".
A mediados de los años 60, Rafael Sánchez Ferlosio abandonó el «grotesco papelón del literato». Era un escritor de referencia. Había publicado en 1955 El Jarama y andaba ya con sitio propio en la cumbre de las letras españolas del medio siglo XX. Cabía la certeza de que la suya estaba por ser una literatura sin límites, predestinada a lo incalculable. Feroz. Audaz. Aguda. Inteligente. Escrita con un poder del idioma que iba a permitirle practicar una obra de gran complejidad y sutileza, algo aún no dicho. Pero en ese instante decidió plegar, echar el pestillo por dentro, untarse de los hallazgos o propuestas de la Teoría del lenguaje del teórico Karl Bühler y zamparse unos centenares de cajas de anfetaminas. Todo junto. Fue su época legendaria, que él se ha encargado de cultivar y ver crecer lentamente, entre la ironía y la distancia.

Sí queréis leer más sobre este artículo pincha en el link que dejo a continuación:

http://www.elmundo.es/cultura/2015/12/11/566a0436ca4741c7088b4675.html


Fuente: El Mundo.



Las Meninas cobran vida

Cuatro minutos muy entretenidos:






Fuente: Descubrir el Arte.